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Polarización o diálogo encrucijada de la C.R. del Bicentenario

Juan Carlos Durán Castro*
Secretario de Seguridad Social CTRN

El punto de inflexión nacional que tuvo su climax en la segunda ronda electoral de marzo 2018 confrontó dos visiones, el conservadurismo y el progresismo, estas miradas país, al día de hoy, parecen ser nada disímiles en razón de diversos factores político-sociales que van desde la falta de toma de decisiones menos coyunturales-electorales y más estratégicas en materia fiscal hasta el traje a la medida ultra liberal que asumieron los partidos socialdemócratas (PLN), socialcristianos (PUSC), u otras expresiones partidarias más recientes, que como el Partido Acción Ciudadana (PAC), sin duda han sido infiltradas, absorbidas y conducidas hacía la tormenta pro mercado y contra Estado, que sin duda es un enfoque que atenta contra la institucionalidad patria y empuja el estado social de derecho al abismo.

Es, en este momento, en el que se encuentra la Costa Rica del bicentenario con el agravante de un estado de polarización social bastante riesgoso que presenta características variadas como: a) Una disputa ideológica entre los defensores de los feudos públicos y los defensores de los feudos privados, b) Una suerte, de que un día sí, y otro también toda crítica es recibida como un ataque por cualquiera de los bandos en disputa político ideológica, partiendo entonces de la premisa que el equivocado es el del frente, c) Una autocrítica desde la acera sindical al sector público en función de su mejoramiento de cara a la gente es interpretada como traición a priori, lo cual reduce todo margen de avance, e) Una alianza de sectores políticos tradicionales del PLUSC-PAC, apoyando al Dios mercado y en contra del Dios Pueblo, vinculados a pequeños grupos empresariales y financieros de raigambre local y con vínculos a transnacionales que aprovechan el estado de situación político-social para apuntalar un modelo excluyente en lo económico y depredador del medio ambiente.

En tal sentido no se ven asomos de pensamientos que rompan ciertos paradigmas y se avance a decisiones transformadoras que sin miedos aborden los desaciertos de un sector público que requiere cambios en la dirección correcta y con el enfoque ideológicamente consensuado, y a la vez, reconocer los abusos públicos y notorios del sector privado evidenciados en la post lucha contra el expediente 20.580 y que forman parte de lo hemos denominado los triunfos invisibles, pues posesionan en la memoria colectiva aspectos que el sistema evita por razones obvias, que igual son relevantes para el balance político sindical, pero que deben ser dimensionados con alto grado de objetividad para así determinar su impacto real en el estado de situación nacional, el tema en concreto es, ¿cómo salir de lo blanco y negro y aspirar a colocarnos en los grises por el bien del país?.

Así las cosas, vivimos una faceta de millones de opiniones en redes que en teoría dan una imagen de “democratización”, lo cual permite la edificación de matrices informativas distorsionadas, o bien poco profundas y objetivas, pues pareciera, que a veces, o casi siempre, prevalecen los intereses corporativos de los actores involucrados; fenómeno que le resta sentido científico al ejercicio periodístico, y a la vez, contribuye a mantener un modelo informativo que solo enseña a la gente a ver los efectos, pero nunca hurgar en las causas.

Estas herramientas tecnológicas se han convertido en una especie de tsunami de proporciones extraordinarias que opaca peligrosamente un verdadero debate nacional sobre el futuro del país y el modelo de desarrollo que necesitamos a partir de información científica, (como por ejemplo la elaborada por el Programa del Estado de La Nación- PEN).

Es decir, asistimos a un escenario de un manejo de mucha opinión, pero de muy poca información, lo cual es caldo de cultivo para la parálisis política nacional, misma que sin duda requiere de un profundo ejercicio patriótico multisectorial de reflexión desde las organizaciones sindico-sociales que ayude a determinar en primera instancia a que sectores le conviene más este estado de parálisis y cuáles de estos realmente han avanzado en sus agendas en los últimos 30 años, luego determinar las ideas fuerza ( agenda) de los movimientos sociales que se conviertan en los motores para salir del mundo de la polarización política, o sea, ponerse en modo país y dejar el modo corporativo, entendiendo que este ejercicio aplica para todos los sectores sin exclusión alguna.

Dicho lo anterior, por lo menos desde nuestra mirada debemos afrontar y propiciar sin dilaciones la urgencia de comunicarnos de manera más asertiva y respetuosa con nuestros vecinos de la acera del frente (lo cual no debe ser interpretado como una renuncia a los principios y enfoques), tratando de armar nuevos puentes de diálogo para aspirar a construir una agenda país que tenga como punto de partida equilibrar los enfoques ideológicos en los temas más álgidos, como son lo tributario y el empleo público, exigiéndonos a arar los surcos de la inclusión social.

Luego se deben explorar los espacios y los mecanismos para reactivar efectivamente la economía nacional, siendo el trabajo decente, uno de los ejes principales en esta tarea, lo cual irreductiblemente debe conducirnos a descarrilar el tren de la concentración de la riqueza, el aumento de la pobreza y todos los indicadores vergonzosos actuales, para atrincherarnos como un todo en el camino de cumplir con los compromisos asumidos en relación con la agenda 2030 y los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS).

Debemos definir responsablemente cómo caminar hacia un NUEVO PACTO SOCIAL, que incorpore decisiones estratégicas para lo cual todos los actores deben poner las barbas en remojo, revisar sus posiciones y posturas en los distintos teatros de operaciones reales y paralelos, consensuar sus horizontes sectoriales, financieros, políticos y económicos de ganar-ganar versus ganar-perder y demás valoraciones propias de estas decisiones en función del país para tratar de transitar hacia el desarrollo que la Costa Rica del Bicentenario necesita, la disyuntiva está planteada, polarización o diálogo real y en esta tesitura el poder mediático en especial los grandes latifundios de la comunicación y particularmente sus dueños y la línea editorial que definan juegan un papel relevante en la creación de condiciones para un diálogo país urgente, es decir, pensar en abandonar las matrices informativas que engendran odio sería sin duda un aporte enorme a la manutención de la paz social.

* Las ideas vertidas en este artículo representan las del autor y no necesariamente las de la Confederación de Trabajadores Rerum Novarum.