Acción, Enlaces, Fotos, Galeria, Información, Mas vistos, Videos
377 0

Las mujeres en el mundo sindical

Grettel Solano M.
Unidad de Equidad de Género

En representación de la señora Viceministra de Seguridad Social del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social, Natalia Álvarez y en el nombre propio, agradecemos la invitación a esta importante actividad.

Implementar la perspectiva de género en la organización sindical significa primero cambiar los procesos internos que contribuyen a mantener alejadas y segregadas a las mujeres en la vida y las decisiones de la organización. La participación de las mujeres en los sindicatos, está condicionada por causas externas, derivadas de la propia situación socio-laboral de las mujeres, obligadas a compaginar empleo y responsabilidades familiares, por otras derivadas del funcionamiento interno de la propia organización sindical, todavía notablemente masculinizada en todos los aspectos.

Las mujeres sindicalistas, en un mundo de hombres. Trabajar en el sindicato es tomar conciencia de que todo está mediatizado por un sistema de relaciones que es difícil de analizar, porque tiende a naturalizarse. Hay que subir a la conciencia crítica, desarrollar un pensamiento crítico sobre el sistema de relaciones entre hombres y mujeres.

Es cierto que el número de mujeres afiliadas a los sindicatos es inferior al número de hombres (entre 30% y el 50% del total es afiliación femenina), también es inferior el número de mujeres con empleo. A menudo en el interno del sindicato lo que percibimos es que se traslada miméticamente la posición que tenemos las mujeres en la sociedad, y se nos trata de igual manera.

La participación directa de las mujeres sindicalistas en todos los niveles, salen elegidas, pero no son ellas las que negocian los Convenios Colectivos. La escasez de mujeres en los órganos de dirección sigue perseverando. Se las excluye abierta y deliberadamente. Esto indica que no tienen poder propio, tienen el poder delegado por los hombres que dicen representarlas. Las mujeres estamos cansadas de escuchar tópicos como “ellas no quieren”, “no pueden” o peor aún “no saben”. Nosotras tenemos que demostrar que sabemos, a ellos se les presupone.

La cuestión no es tanto que las mujeres dudemos de nuestra capacidad para ocupar cargos de dirección, que podría ocurrir, pues son muchos los condicionantes históricos que nos relegan; la cuestión es más que no pelear la candidatura, porque se sabe de antemano que va a suponer un enorme desgaste, y que carecemos de una base de poder para salir exitosas. Pretender la igualdad no es asumir valores masculinos.

Las cuotas sirven para evitar esa pelea, pero no siempre son útiles. No basta con feminizarlo todo, es decir, aumentar el número de mujeres en las estructuras del sindicato, hay que trabajar unidas, pues la conciencia (ser consciente) no se da por generación espontánea, no es una simple cuestión numérica.

La igualdad en el poder es el símbolo para el resto de las igualdades, laborales y privadas, porque de la toma de decisiones se derivan el resto de posibilidades de cambio social. Hoy las relaciones de poder son asimétricas, diferentes para hombres y mujeres, el déficit democrático que percibimos en la sociedad, se reproduce en el sindicato.

Si no hay dotación económica para la estructura de género, no hay voluntad política de que ésta funcione. Lo que nos encontramos en la práctica, es que las necesidades que tiene la organización son muchas, y los recursos tanto humanos como económicos escasos. Los programas para la Mujer no son una prioridad en la práctica sindical cotidiana.

Durante mucho tiempo, hemos sido más “influidas” que influyentes en el conjunto de las organizaciones. Es lo que Carmen Pino ha denominado “el currículum oculto” de las mujeres sindicalistas, que dedican gran parte de su tiempo a defender unos intereses que no son precisamente los de las mujeres, sino los del mantenimiento de unas organizaciones que les son todavía adversas. Porque uno de los grandes males de las organizaciones sindicales, es que generan un excesivo trabajo burocrático.

No trabajamos en el mejor de los mundos, pero aunque a un ritmo mucho más lento del que nos gustaría, las mujeres sindicalistas siguen avanzando en ese difícil camino de impulsar la transformación en los sindicatos, para hacer de éste un auténtico motor de cambio social. Si no empiezan arreglando la propia casa, será paradójico pretender ganar la batalla de ese cambio social que las organizaciones sindicales se proponen, como agentes sociales que son, hacia un mundo más justo y más igualitario.

Todavía hoy, sindicalismo y género son dos conceptos difíciles de asociar. Unir conciencia de clase (discriminación como trabajadoras) y conciencia de género (discriminación por razón de sexo), como un todo indivisible, es una tarea que tropieza con múltiples prejuicios. A menudo, entre las propias compañeras, pues no todas las mujeres tienen conciencia feminista como no todos los obreros tienen conciencia de clase.

La gente que ha trabajado el concepto de conciencia de clase, como son los sindicalistas, tiene que entender la necesidad de construir la conciencia de género; primero es necesario reconocerse como oprimida, para después luchar y superar la opresión de que somos objeto las mujeres.

Tenemos que seguir insistiendo en que hay que atacar la raíz del problema. Que la mayoría de las veces la discriminación tiene que ver con mecanismos sociales, y no estrictamente laborales. Estos mecanismos exceden del ámbito laboral, a menudo del propio sindicato. Son los peores condicionantes para la inserción laboral de las mujeres, y también para su participación sindical. Ello no exime al sindicato de asumir la responsabilidad que le toca.

Concluyo, reafirmando que resolver conflictos de género es un proceso muy lento que hay que trabajar todos los días desde todos los frentes.

Desde el respeto a la diversidad. Las diferencias serán importantes, pero no determinantes para alcanzar relacionarse en igualdad.

* En julio de 2018, desde la Mesa Sindical de Mujeres, iniciamos un proceso de capacitación de alto nivel para las mujeres dirigentes sindicales. En esa ocasión, Grettel Solano, de la Unidad de Equidad de Género del Ministerio de Trabajo, nos brindó un mensaje muy esclarecedor sobre las mujeres y su participación en el sindicalismo, que hemos decidido compartir en estas páginas.